
La lucha que se está dando en el sector salud en México puede significar una gran victoria y avance para los trabajadores y el pueblo.
Durante décadas la fuerza trabajadora del sector salud en México, como en general, ha sido avasallada por el estado y sus partidos, especialmente el PRI, dominación que bien se sirve del mito meritocrático y de sacrificio absurdo. Pero el sector ha dado importantes ejemplos de lucha como el movimiento de 1964-1965 originado por los becarios, internos y residentes del Hospital 20 de Noviembre del ISSSTE, contra las reformas de pensiones de 1997 y 2007, así como recientemente las Protestas por la Reforma de Salud en 2016 y Asambleas de Médicos Residentes en 2019, movimientos que no se limitaron sólo al gremio sino que involucraron a lxs pacientes.
Con el período neoliberal, no solo los trabajadores fueron afectados, el poder político y económico emprendió una política de abandono, desmantelamiento y transferencia de apoyos de los servicios públicos al sector privado, esta política prometía mejores condiciones de vida pero a la fecha solo ha traído precarización compartida para los trabajadores y el pueblo, mientras que los beneficiados han sido muy pocos. Un gran golpe fue el de las reformas al sistema de pensiones de 1997 y 2007 las cuales no han sido tiradas, sino paliadas por el Fondo de Pensiones para el Bienestar.
La demanda de servicios públicos ha crecido, pero el problema más que cuantitativo, es cualitativo. La política para el sector salud no se ha preparado para garantizar el derecho a la salud, lo que tiene que ver no sólo con la disparidad urbano-rural o la fragmentación institucional del sector salud público, pues, pese a que el país tiene su autonomía legal, la integración al mercado globalizado que ve a la salud como un negocio, ha llevado a una dependencia externa de los Principios Activos, dispositivos y alta tecnología, en su mayoría asociados a grandes emporios internacionales químicos y tecnológicos, que se benefician de la política de exclusividad de patentes, desregulación de precios, etc.
En este sentido, el gobierno de la Cuarta Transformación ha fracasado rotundamente en lograr mejorar las condiciones del derecho a la Salud y del personal del mismo, si es que se lo había propuesto y dimensionado. La crisis del Covid-19 expuso verdaderamente las deplorables condiciones del sistema que se acompañaba de obras fantasma de las diferentes administraciones, deficiencias en planeación, presupuesto, etc., Los que habían sido vitoreados como héroes nacionales no recibían bono de fin de año, enfrentaron promesas de plazas inclumplidas, despidos, persecución, esquirolaje. Otro fracaso fue la pretendida centralización del sistema de salud al IMSS-Bienestar, ya que aún “abundando” médicos generales y demanda de servicios de salud, la atención médica nacional no puede emplearlos ni el sistema desarrollarlos, proliferando cada vez más los Consultorios Adyacentes a Farmacias del sector privado, producto de las deficiencias de la política de “antibióticos sin receta”.
A principios de octubre de este año, personal del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) realizó algunos paros parciales y bloqueos al romperse la negociación con Secretaría de Gobernación, el movimiento se ha extendido a 12 estados concentrándose en Ciudad de México, Chihuahua, Veracruz Nuevo León y Estado de México. Las protestas reivindican el descontento por el desabasto de insumos, equipo y medicinas, el rechazo al aumento salarial del 2.9% en salario tabular y 3.9% en prestaciones acordado por la dirección sindical del Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social (SNTSS) -mayoritario en el IMSS- y el titular de IMSS, Zoe Robledo; en su lugar, las bases piden un aumento del 10% sobre salario tabular y la destitución del dirigente sindical del SNTSS Rafael Olivos como colaboracionista del gobierno en la sumisión sindical. También piden la mejora de las condiciones laborales, ampliación de personal, solución a adeudos de prestaciones, respeto al contrato colectivo de trabajo y jubilación digna. Aunque también el sector ha demandado la basificación y cese de las jornadas laborales absurdas, obsoletas, insalubres, inhumanas y criminales.
El gobierno, como es tradición independientemente del color, mandó a reprimir las protestas, en este caso, las realizadas en CDMX. Zoe Robledo ha anunciado la supervisión “piso por piso” en los 277 hospitales del IMSS para atender las quejas y evaluar las condiciones actuales, admitió que enfrentan problemas con las farmacéuticas, pero que han surtido supuestamente hasta un 94% de recetas y se van a rescindir contratos con algunas de éstas, canalizando el descontento de pacientes a los portales gubernamentales, también ha llamado al “diálogo sin bloqueos” que no es otra cosa que neutralizar la presión del movimiento, mientras las amenazas, castigos y despidos están a la orden del día.
La solidaridad sindical se ha manifestado de parte de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, el Sindicato de Trabajadores del Instituto de Salud y Seguridad Social para los Trabajadores del Estado, trabajadores de Pemex, el Sindicato de Trabajadores de la Universidad Autónoma Metropolitana, uno de los sindicatos del STC Metro (SNTSTC) y el Sindicato de Trabajadores del Estado de Veracruz. Muchos otros sindicatos, federaciones o centrales no se han pronunciado o sumado a la movilización, incluso dentro del sector, al igual que muchos trabajadores. De acuerdo al INEGI, el sector salud tiene aproximadamente de 2 millones 174 mil trabajadores, alrededor del 87% son del sector público, aunque por la precarización, una parte labora en ambos.
Derribar el charrismo sindical del SNTSS y avanzar hacia la democratización sindical sería un paso importante para garantizar el futuro de la lucha, pues este logro podría ayudar a los procesos de lucha de otros sindicatos, que no sólo han consolidado sus aristocracias obreras, sino que también se han convertido en redes clientelares y gremiales que se distancian de la unidad de clase y la lucha popular. La fragmentación sindical ha coadyuvado a diezmar la fuerza de la clase trabajadora y abonado a la desorganización de la población trabajadora no sindicalizada, precarizando aún más las condiciones de vida, pues los salarios ya no son el sostén de una familia, sino que, a pesar de los aumentos, a penas y alcanzan al sostén individual, quitando incluso cualquier perspectiva de una estabilidad laboral o una jubilación.
La destitución de Zoe Robledo es necesaria como parte de la justicia contra la negligencia institucional, sin embargo, los problemas estructurales no se resuelven con ello, aunque también es imprescindible un aumento presupuestal. Es necesaria una verdadera democratización en el sector que incluya a los pacientes, que termine con la fragmentación y genere un modelo organizacional que busque garantizar el derecho a la salud y los derechos laborales de su personal, reorganizando salarios y presupuestos, toma de decisiones, que recupere realmente la escencia amplia e integral de la seguridad social más allá de la salud, involucrando cuidados, cultura, deportes. Aún así, si el Estado, no genera su propia autosuficiencia en medicinas, insumos, tecnología, esquemas de precios y no atiende el problema de la mercantilización global de la salud, no será suficiente para tener un sistema digno.
Las perspectivas y horizontes son necesarios para avanzar, los objetivos inmediatos son un paso importante especialmente para desentumir y desarrollar nuevas habilidades, pero la resignación no es madre de ninguna victoria. Es imprescindible plantear la profundidad de la discusión con el general de los trabajadores y población en general, que refleje no sólo la crítica, sino las capacidades de acción para verdaderamente superar a las autoridades y al charrismo, al mismo tiempo que se refuerza la organización del movimiento. Es completamente natural y comprensible la dispersión actual, sin embargo, para no caer en falsas direcciones, traidoras, que quieren domesticar la lucha y conducirla al divisionismo o conformismo, es necesario formar núcleos organizacionales y espacios organizativos amplios que refuercen la profundidad de la lucha a largo plazo y articulen a las bases. Del mismo modo, serán necesarios otros esfuerzos que puedan hacer sinergia en otros ámbitos y movimientos para lograr construir una alternativa a lo establecido.
¡Basta de abusos y precarización!
La salud y la dignidad laboral no se negocian.
Nos sumamos con más fuerza que nunca a la resistencia por nuestros derechos, la justicia y condiciones de trabajo dignas para el pueblo.
¡Abajo el charrismo sindical, ¡Viva el sindicalismo democrático y combativo!