
¿Qué es México?
México, dentro de sus contradicciones, es un producto de la ingeniería política e ideológica institucional, una estrategia centralizada llevada a cabo por personajes clave para legitimar sus gobiernos y pacificar un país profundamente dividido.
El líder conservador Carlos María de Bustamante asumió conscientemente la tarea de ser el “surtidor de símbolos nacionalistas”, unió intencionadamente el pasado indígena con el presente criollo/mestizo para justificar la existencia del nuevo Estado frente al mundo.
“Religión, Independencia y Unión”
Una “Patria” nacida del pacto de élites a diferencia de la insurgencia popular de Miguel Hidalgo o José María Morelos. Un pacto pragmático entre los antiguos realistas (los defensores de la Corona) y los insurgentes sobrevivientes (encabezados por Vicente Guerrero).
Iturbide diseñó la bandera tricolor para representar los tres pilares que darían origen a la nueva nación mexicana: Religión (católica como única), Independencia (rompimiento con España) y Unión (fraternidad absoluta entre europeos, criollos, mestizos e indígenas), también se agregó el escudo nacional.
Antonio López de Santa Anna entendió que el nacionalismo podía usarse como un mecanismo de culto a la personalidad para unificar el apoyo popular en torno a su figura como el “salvador de la patria”, Institucionalizó el patriotismo mediante la liturgia cívica.
Con las Leyes de Reforma, Juárez separó la Iglesia del Estado y creó un calendario civil con festividades patrias obligatorias para sustituir las fiestas religiosas, convirtió el concepto de “República” en el núcleo identitario del mexicano.
Maximiliano de Habsburgo, fue el primero en “dar el grito”, incluso terminó apoyando el legado anticolonial de Hidalgo para conseguir mayor apoyo popular.
El Patriotismo fue así peleado tanto por liberales como conservadores para poderse mantener en el poder, mientras a los pueblos indígenas les hacían la guerra: La Guerra de Castas (1847-1901), Guerra contra los yaquis, Represión a los pueblos mayos y apaches en el Norte, despojo y privatización de tierras derivado de las Leyes de Reforma, imposición del idioma español, el mestizaje y la institucionalización de la cultura.
Díaz utilizó el espacio público a una escala sin precedentes, canonizó formalmente a los héroes nacionales en los libros escolares de texto obligatorio y centralizó las Fiestas del Centenario en 1910 para proyectar una identidad mestiza sumamente refinada y monumental.
Vasconcelos diseñó la política de nacionalismo cultural más agresiva y exitosa del siglo XX. Su meta era integrar a las masas marginadas (indígenas y campesinos) a la vida moderna bajo un solo dogma estético y filosófico. Ideó el concepto de la “Raza Cósmica”, una teoría que ponía al mestizo iberoamericano como la síntesis espiritual de la humanidad.
Lázaro Cárdenas y los gobiernos subsecuentes del PRI convirtieron el nacionalismo en la ideología oficial del Estado, usándola como un escudo de legitimación política y un mecanismo de control social absoluto.
Con Cárdenas dejó de ser un nacionalismo puramente cultural o monumental para volverse económico, agrario y obrero, instauró un indigenismo de estado y una unidad nacional antiimperialista. El corporativismo fue el sello del pacto social: militares campesinos obreros y sectores populares.
El PRI: La santísima trinidad identitaria (Patria = Estado = Partido).
Se creó una narrativa histórica lineal y sin matices donde todo el pasado mexicano (desde los aztecas hasta la Revolución) avanzaba de manera inevitable hacia el orden y progreso que el PRI administraba, una narrativa afianzada con los Libros de Texto Gratuitos, el indigenismo pasa a ser el culto al pasado.
La Política de Unidad Nacional fue una estrategia de conciliación (colaboracionismo de clase) aplicada por el presidente Manuel Ávila Camacho para calmar las tensiones políticas internas y unir al país frente a la Segunda Guerra Mundial en el bando estadounidense.
Luis Echeverría y José López Portillo relanzaron un nacionalismo populista de izquierda y de tintes tercermundistas para recuperar el respaldo popular, se buscó exaltar el folklore para posicionar al país como el líder moral de las naciones oprimidas frente al capitalismo anglosajón.
Andrés Manuel López Obrador y la consolidación de Morena, el Estado implementó un drástico retorno al nacionalismo histórico-popular postneoliberal. El uso de la palabra “Morena” y se ha hecho una reapropiación de “las transformaciones” para legitimar el gobierno actual como una síntesis del colaboracionismo de clase y de la dicotomía conservadora y liberal, aunque muy lejano a esos hitos que canoniza.
El neoliberalismo implementó la “Marca País”, un “nacionalismo moderno” que encubrió las privatizaciones.
Aunque la Revolución y la Independencia de México sí destacan mundial e históricamente como una lucha emancipatoria de las masas explotadas y oprimidas, absolutamente reivindicable, la instrumentalización de éstos periodos mantiene al Estado mexicano actual.
El “patriotismo revolucionario” se convierte en chouvinismo cuando el mexicanismo mantiene la opresión de otras naciones: pueblos indígenas. El Estado, aun llamándose plurinacional, sigue funcionando esencialmente como un aparato de dominación de la clase burguesa.
Las culturas nacionales tradicionales son, en el fondo, las culturas de las clases dominantes de esas naciones, el “folclorismo” y el misticismo histórico son una herramienta burguesa para sepultar la lucha de clases bajo una falsa identidad común. No se debe caer en la trampa de los falsos libertadores ni de la institucionalización cultural y el romanticismo cultural.
La verdadera patria del trabajador es su clase y su trinchera es el mundo, eso no quita que haya estructuras comunitarias pre-capitalistas que pudiesen saltarse la etapa capitalista y transicionar directamente al socialismo si se articulaban con la revolución internacional.
El internacionalismo no es una declaración abstracta de solidaridad, sino una guía para la acción que exigía sacrificar los intereses nacionales en pos de la revolución mundial. La verdadera emancipación indígena solo se logra fusionando la identidad nacional oprimida con la revolución socialista global.
El socialchouvinismo sostiene la pata izquierda de la burguesía y el imperialismo. En un país colonial o semicolonial, e patriotismo significa luchar a muerte contra sus propios opresores, hoy su defensa es legítima después de que los trabajadores toman el poder.
¡Por la liberación de todos los pueblos! ¡Abajo las fronteras!
¡Por una verdadera soberanía, abajo los imperialismos! ¡Abajo las fronteras!
¡Por la unidad, independencia y emancipación de la clase trabajadora!
¡Socialismo o extinción!