
El oportunismo es una tendencia política de conciliación con la burguesía que subordina los intereses históricos y revolucionarios de la clase trabajadora a cambio de ventajas inmediatas, reformas pacíficas o réditos electorales, pero también es una mala práctica militante.
Definirlo es crucial para identificar cuándo una organización abandona la transformación radical del sistema y se convierte, en los hechos, en el ala izquierda del establishment.
Esta transgresión de la independencia de clase y el abandono de la vía revolucionaria se manifiestan en dos niveles fundamentales.
1. Desviaciones teórico-ideológicas:
Estructurales
Reformismo, electoralismo, parlamentarismo e institucionalismo que confían la emancipación a las dinámicas del Estado burgués, también dado de origen por el mismo sostén de la aristocracia obrera
Teóricas
Revisionismo (dogmático o ecléctico), economicismo y tradeunionismo (sindicalismo apolítico), que reducen la lucha a mejoras materiales inmediatas.
Geopolíticas
Socialpatriotismo, socialismo nacional, conservadurismo y populismo, que diluyen la contradicción de clase.
Metodológicas
Inmediatismo, movimientismo, demagogia y burocratismo.
2. Desviaciones ético-prácticas en el movimiento popular:
En el contexto actual, el oportunismo también se expresa en el activismo performativo, donde la estética y el ego sustituyen a la organización real. Bajo el molde del estereotipo militante, el impacto mediático suplanta al impacto territorial.
Se utiliza el pretexto de la “visibilización” para encubrir privilegios individuales que se reconfortan silenciosamente, traicionando la máxima de poner dichos privilegios al servicio de la revolución.
Asimismo, el protagonismo y el arribismo actúan como lastres organizativos…
Existen organizaciones, colectivos o personajes que no combaten los aparatos burgueses, sino que parasitan los movimientos de masas, su práctica se limita a reclutar de forma extractivista, usurpar bases, adjudicarse victorias ajenas, mayoritear artificialmente y monopolizar espacios mediante el boicot o la ruptura.
Al autoproclamarse como la vanguardia única y verdadera, desplazan a quienes poseen legitimidad territorial e histórica.
Por todo ello, definir el oportunismo no es un ejercicio abstracto, sino una necesidad orgánica.
Llamamos a la reflexión crítica dentro de nuestros movimientos y a una praxis congruente, una valoración que distinga vicios, de errores.
Debemos superar la repetición acrítica de la tradición para construir, de manera científica y radical, una ruta de transformación social trabajada hasta sus últimas consecuencias y extrirpar todas las pugnas vulgares.
Sin embargo, desgraciadamente el oportunismo no es lo único que debemos de combatir en nuestras filas, también están el sectarismo, dogmatismo, paranoia y otras posturas que incluso veladamente aluden a la violencia por consigna para eliminar a otras corrientes dentro del movimiento.
Llamamos a cerrar filas en contra de esto y no permitir ninguna política de odio en el interior del movimiento.
¡SOCIALISMO O EXTINCIÓN!