
¿Cómo aplicar el derecho de las naciones a su autodeterminación desde una perspectiva revolucionaria?
Existen muchas formas de opresión, dominio y explotación, desde las más blandas hasta las más explícitas.
La política nacional tampoco está exenta de la política internacional, los bloques más fuertes influirán con diversas formas en sus regiones de interés, así, hay áreas en disputa en las que se suman más variables en la situación, incluso cuando los bloques imperialistas puedan compartir orientación ideológica.
En varios de los conflictos de mayor impacto mundial, ha surgido una falsa dicotomía que no es casual.
Revisemos algunas de éstas:
Ucrania:
La invasión a Ucrania es la defensa de los intereses del imperialismo ruso, ello no implica el apoyo al gobierno ultraderechista y alineado con el imperialismo occidental de Zelensky, pero tampoco ello debe significar alinearse con el derechista de Putin.
Irán:
La denuncia de los ataques estadounidenses no debe ponernos del lado de la oligarquía de la “república” islámica, Lenin instó explícitamente a combatir el panislamismo y las corrientes clericales, advirtiendo que los terratenientes y sacerdotes usan la retórica antiimperialista para fortalecer sus propios privilegios de clase.
Libia:
La defensa contra la invasión y dominación del imperialismo occidental no está a discusión, pero ello tampoco debe convertirse en defensa de Muamar el Gadafi.
Siria:
Nuevamente, la independencia de clase es crucial en contra del Estado-Nación, no se puede apoyar la dictadura burguesa local de Bashar al-Ásad aliada al imperialismo ruso, frente a la agresión e intervención del bloque imperialista estadounidense.
En estos casos, como muchos en África, se demuestra cómo la destrucción de un Estado soberano a manos del imperialismo deviene en la regresión social profunda, el caos y el reparto de esferas de influencia entre oligarquías extranjeras.
Irak:
Irak ha vivido enormes oleadas de protestas juveniles contra la corrupción y la falta de servicios, el sistema político implantado por Occidente, diseñado para fragmentar a la clase obrera en líneas religiosas y étnicas (chiíes, suníes, kurdos), es por ello que es fundamental colocar primero los intereses de la revolución socialista internacional contra todos los imperialismos.
El imperio austrohúngaro
La Monarquía Dual terminó oprimiendo a las minorías eslavas. La lucha de liberación serbia se convirtió en el móvil del imperio zarista bajo la consigna del “paneslavismo”. El imperio terminó con la anexión de Bosnia-Herzegovina para contrarrestar el nacionalismo serbio y al imperialismo otomano pero terminó aumentando la tensión con Rusia. Así, el asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo y el ultimátum a Serbia fueron el detonante de la Primera Guerra Mundial.
Bolivia:
Bolivia reconoce formalmente la existencia de múltiples naciones indígenas originarias dentro de un mismo territorio, pero no elimina automáticamente la estructura capitalista ni la opresión de clase, el modelo extractivista que sigue subordinando los territorios indígenas a la explotación de gas, litio y minerales para el mercado mundial, destruyendo sus hábitats bajo una lógica de acumulación estatal. El ‘Masismo’ (del partido Movimiento al Socialismo -MAS-) es el responsable del advenimiento derechista de Jeanine Áñez y Rodrigo Paz.
Yugoslavia:
El régimen de Josip Broz “Tito” abrió la puerta y desarrolló el mercado, especialmente endeudándose con el Fondo Monetario Internacional, así, Kosovo se empobreció y la clase trabajadora también resintió sus condiciones de vida.
Al no resolverse la cuestión nacional sobre una base proletaria internacionalista sólida, la muerte del jefe de estado y la crisis de deuda económica hicieron que la burguesía local resucitara el chovinismo étnico, destruyendo el país en guerras fratricidas.
Hungría:
Respecto a la República Soviética de Hungría (marzo-agosto de -1919) Lenin señaló que los revolucionarios húngaros fracasaron porque se fusionaron prematuramente con los socialdemócratas reformistas y, crucialmente, porque no supieron resolver la cuestión agraria: en lugar de repartir la tierra a los campesinos pobres para ganar su alianza, colectivizaron los latifundios de golpe, perdiendo el apoyo de las masas rurales.
En 1956, la nomenklatura soviética de la URSS aplastó el resurgimiento de Soviets (consejos obreros) genuinos en las fábricas húngaras, había que diferenciar ese movimiento de los elementos reaccionarios o pro-occidentales que intentaban canalizar la revuelta para regresar al capitalismo.
Hoy, Hungría está gobernada por un régimen nacionalista de extrema derecha. Orbán utiliza una retórica “soberanista” y choca frecuentemente con las directivas de la Unión Europea.
Cambiar una burguesía chovinista y pro-rusa (Orbán) por una burguesía conservadora alineada con el imperialismo financiero de la Unión Europea (Magyar) no altera la condición de explotación de los trabajadores húngaros, cuya economía continuará operando como una maquila de mano de obra barata para las corporaciones de Occidente.
Los resultados del socialismo ficticio. El reparto burocrático y casi feudal de Europa del Este después de la Segunda Guerra Mundial y el aplastamiento de las luchas por la democracia obrera allanaron el camino de retorno al capitalismo.
Camboya
La degeneración idealista, chovinista y pequeñoburguesa en la lucha de liberación nacional condujeron al régimen de Pol Pot (1975-1979). Aquí no se puso en primera prioridad la revolución socialista internacional, sino el nacionalismo agrario extremo.
Corea del Norte:
Aunque el Estado norcoreano nació de la legítima resistencia antiimperialista frente a Japón y EE. UU., su evolución ideológica hacia la doctrina Juche reemplazó por completo los principios del materialismo dialéctico por un nacionalismo de corte teocrático y dinástico.
La “sucesión hereditaria” del poder estatal es una aberración feudal absolutamente incompatible con el socialismo. El hermetismo absoluto y la militarización prioritaria (Songun) no expresan el poder de la clase trabajadora, sino la dictadura de una burocracia militarizada que utiliza la legítima amenaza del imperialismo occidental para blindar y perpetuar sus privilegios de casta.
Albania:
Bajo Enver Hoxha, Albania rompió con la URSS y luego con China, sumiéndose en un aislamiento total bajo la retórica de ser “el único Estado genuinamente marxista-leninista”, cerrando la solidaridad obrera internacional, el desarrollo de fuerzas productivas y dando paso a una autarquía extrema, el terror de Estado de una camarilla y la militarización paranoica, así se configuró una caricatura ultraizquierdista, sectaria y dogmática del socialismo, con mínimo control obrero real sobre los medios de producción y ninguna democracia obrera que condujo al régimen a un inevitable colapso.
Al igual que Yugoslavia, este Estado Obrero degenerado nació con cierta autonomía respecto a la URSS, aunque en lugar de poder avanzar en una unión federativa que hubiera puesto al descubierto la degeneración mutua, buscó perdurar bajo un infructífero cobijo de China.
Venezuela:
El rapto de Nicolás Maduro sólo cambió de dueño al país, hoy el gobierno del Partido Socialista Unificado de Venezuela trabaja para el imperialismo yankee.
Cuba:
Es crucial la solidaridad obrera internacional frente al bloqueo estadounidense y lucha completa contra la instrumentalización yankee del descontento, pero apoyo a la democratización obrera interna contra la burocracia del Partido Comunista de Cuba (PCC) que desde el “Periodo Especial” (1990) mantiene reformas pro-mercado, desmantelando las conquistas revolucionarias.
Vietnam:
La victoria norvietnamita significó el quiebre de la cadena imperialista occidental en uno de sus eslabones más débiles. No obstante, tras la liberación militar, la tarea indispensable para evitar la asimilación al mercado globalizado (como el modelo actual de reformas de mercado) consistía en extender la revolución internacionalmente y afianzar la democracia obrera interna.
Nepal:
Gobernado intermitentemente por partidos oportunistas y socialchovinistas que se autodenominan “comunistas” (marxistas-leninistas y maoístas), pero que al llegar al poder civil mantuvieron intactas las estructuras del Estado burgués, la propiedad privada y la dependencia económica. El descontento juvenil actual nace de esta traición histórica, la corrupción y la falta de empleo.
Es necesaria la purga ideológica y la construcción de un verdadero partido de vanguardia que retome la vía revolucionaria, rompiendo con el parlamentarismo burgués.
Chechenia:
Lenin decía que solo el respeto absoluto a su soberanía nacional podría integrarlos voluntariamente al proyecto socialista y borrar el odio sembrado por el zarismo y por un buen tiempo funcionó, pero después de la URSS, explotó la guerra.
Polonia y Checoslovaquia:
Después de la Segunda Guerra Mundial, fueron impuestas militar y burocráticamente estructuras estatales. Cuando los obreros y estudiantes protestaron (en Poznań 1956 o en la Primavera de Praga 1968), exigiendo un socialismo democrático y libertad sindical, los tanques soviéticos aplastaron las protestas.
Al erradicar la conciencia de clase, el descontento popular legítimo fue capitalizado en los años 80 por fuerzas clericales, intelectuales burgueses y el imperialismo occidental, culminando en la restauración abierta del capitalismo.
Afganistán:
La invasión de la URSS en 1979 representó una desviación burocrática y chovinista del Estado soviético, muy similar a la política en Chechenia que hoy está bajo la dinastía Kadírov, eso no quita el secuestro clerical-feudal de una legítima lucha de liberación nacional.
De igual manera, hoy debemos oponernos a la intervención del imperialismo occidental, pero no por ello alinearnos al poder teocrático Talibán o apoyar a grupos como Al-Qaeda, se deben de empujar fuerzas revolucionarias en contra de el fundamentalismo religioso sin añorar el colonialismo occidental.
Armenia y Azerbaiyán:
Similar a las fronteras ficticias creadas por la “descolonización” imperialista, el Nagorno Karabaj es una región históricamente habitada por una mayoría étnica armenia, pero que la burocracia soviética asignó a la República de Azerbaiyán en la década de 1920, al ignorar los principios del socialismo democrático y centralizar las fronteras de manera vertical, el estalinismo dejó “bombas de tiempo” de nacionalismo étnico que estallaron apenas se disolvió la Unión Soviética en 1991.
Hoy las burguesías de ambos países han utilizado el conflicto para consolidar su poder local y hay una paz imperialista de reparto comercial, el abandono del imperialismo ruso y acercamiento del imperialismo occidental.
Palestina:
El pueblo palestino se enfrenta ya a la aniquilación total y hay que apoyar a la resistencia, pero no hay que darle entrada a la dirección teocrática. Nuevamente, la liberación nacional real es inseparable de la liberación social y de clase.
Los kurdos
En primera instancia, no hay una sola facción aunque sí hay cierta unidad. Sin embargo, sí es evidente su instrumentalización por parte del imperialismo occidental, con esta “colaboración” están traicionando el internacionalismo proletario. Israel ha apoyado a facciones kurdas para debilitar a sus enemigos directos como Irán. La izquierda revolucionaria en Irak, Siria, Turquía e Irán debe apoyar la independencia y unificación del Kurdistán, se debe rescatar y desarrollar el esquema del Confederalismo democrático, el Gobierno de transición o el ahora reformismo del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) no son la alternativa.
Taiwán:
Ni China ni EE. UU. son la opción, su oligarquía nacional traicionará a las masas a favor de uno u otro amo. La tarea es la emancipación de la mano con la clase trabajadora china.
Ni las tareas revolucionarias pasan por el etapismo colaboracionista de la “revolución democrática” ni se debe cobijar al burocratismo o a la burguesía local sólo por una política menospeorista. La independencia de clase y el internacionalismo obrero -no una simple gestión relaciones internacionales- son indispensables.
¡Por la unidad, independencia y emancipación de la clase trabajadora!
¡Socialismo o Extinción!