Primero el pueblo y la naturaleza, no el capital. El desastre por las lluvias e inundaciones en la Sierra de Veracruz tiene responsables. 

Los hechos ocurridos en la Sierra de Veracruz y Puebla y en varios estados de la república por las recientes lluvias torrenciales e inundaciones no son un hecho aislado, es la consecuencia de la continuidad del capitalismo a nivel global y a nivel local, el cual se complementa con la corrupción e ineptitud estatal. Es la consecuencia de continuar con los combustibles fósiles y no generar verdaderos planes de adaptación a la crisis climática. 

Es falso que las autoridades no hayan tenido conocimiento de estos peligros. Si bien es difícil que algún pronóstico pueda con suficiente anticipación señalar el minuto y lugar exacto, ya se han señalado cuáles son las épocas, poblaciones e infraestructuras de mayor vulnerabilidad. La exposición y desigualdad de los asentamientos humanos no es invisible, el incremento de desastres climáticos tampoco es invisible. 

La destrucción de las protecciones ecosistémicas, las condiciones socioeconómicas históricas, la falta de presupuestos y capacidades institucionales son claves para poder atender emergencias como estas. En este sentido la extinción del Fondo de Desastres Naturales (Fonden) no se ha traducido en una mejor respuesta, la solidaridad sigue descansando sobre los hombros del pueblo ahorrando aún más la responsabilidades de las autoridades. 

No es cierto que sean “primero los pobres”, porque como lo fue con el huracán Otis en Guerrero, van a ser las zonas de mayor capital las que van a recibir la atención y el presupuesto público, mientras que las regiones más olvidadas seguirán con el mismo trato marginal. Esos mismos megaproyectos que hoy encabezan los militares y los grandes corporativos empresariales bajo corrupción y protección de porros y sicarios, imponen además pésimas condiciones laborales, despojo, violencia y devastación. 

Resulta inaceptable que, frente al dolor y la emergencia que viven miles de familias, la presidenta Claudia Sheinbaum adopte actitudes que minimizan la magnitud de la tragedia y desestiman las voces de quienes exigen ser escuchados. La omisión, el silencio y la censura no son respuestas ante una crisis social y ambiental. Aún más grave resulta la instrumentalización política y económica del desastre, los precios de productos no sólo no deben subir, deben de garantizarse gratuitos ante la emergencia a los sectores más necesitados, las emergencias no deben usarse como herramienta de propaganda o desinformación como lo hacen ahora grupos priístas pero también lo han hecho en el pasado todos los partidos, la solidaridad no se condiciona. 

Primero la clase trabajadora y la naturaleza, no el capital. En dónde están entonces los frutos del famoso desarrollo que han colocado a Veracruz como uno de los estados petroleros y que a cambio hoy le dan devastación con hidrocarburos contaminando todo, lo mismo sucede ahora con las regiones turísticas, con los grandes negocios inmobiliarios y hoteleros o bien los centros de datos. No solamente llamamos a la solidaridad con los pueblos en Veracruz, Puebla, Hidalgo, San Luis Potosí, Querétaro y otros estados afectados, llamamos a prepararnos para estos y peores escenarios, a no dejar de apuntar a quienes son verdaderos responsables de estas tragedias. 

Basta de responsabilizar de todo a los sectores populares, basta de creer que la solución se limita a sólo las acciones individuales. Rebasemos al gobierno con la solidaridad popular. Conformemos una red nacional e internacional de solidaridad, priorizando la construcción de comités democráticos de abasto, seguridad, distribución, búsqueda y reconstrucción; que estos sean quienes dirijan estas tareas y a las brigadas con facultades para exigir transparencia y rendición de cuentas, no los sectores gubernamentales ineptos. Queremos escuelas, trabajos, viviendas y hospitales, no queremos balas y militares. Démosle un giro a la historia y luchemos por nuestro presente y por nuestro futuro, basta de que la clase trabajadora, el pueblo y la naturaleza seamos quienes paguemos el costo de la crisis. 

¡POR EL CLIMA, LA VIDA Y EL FUTURO!

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