
El Manifiesto es un legado maravilloso para los revolucionarios que abrazamos la doctrina de Marx y Engels, por múltiples razones. Ya que su contenido refleja fielmente el nivel de profunda comprensión sobre el funcionamiento del sistema capitalista que hasta entonces no se había alcanzado, así como su nivel de desarrollo preciso de entonces y aún las más exactas previsiones sobre su porvenir, que fueran corroboraras ulteriormente, incluso hasta nuestros días.
Por primera vez la clase obrera disponía de una caracterización científica que explicaba su existencia que se concretaba en la subsistencia signada por las penurias y la muerte, le enseñaron a conocerse, a tomar conciencia de su existencia de forma rigorosamente científica. Más aún, disponía de un programa y de una poderosa concepción teórica, que preveía no sólo el desarrollo futuro sino que se materializaba en una organización política propia e independiente de la clase explotadora: La Liga Comunista, el estado mayor de la clase obrera, compuesta por sus capas más avanzadas. De hecho el Manifiesto es el documento sobre el cual se funda la Liga.
Marx y Engels, no fueron teóricos, ni intelectuales: fueron revolucionarios y los revolucionarios ciertamente deben esforzarse en la comprensión y el avance teórico, pero siempre al servicio de la transformación de la sociedad capitalista, tanto hace 166 años como hoy. Ellos comprendieron en el sentido más profundo del término, se pusieron a la cabeza de la construcción de la herramienta política de la clase obrera revolucionaria para derrocar al capitalismo, es decir del Partido de la Revolución.
Durante el siglo XX y lo que ya transcurrió del XXI hemos escuchado de la boca de supuestos marxistas, desde renegar de él, por anticuado o supuestamente equivocado, hasta aquellos que decían haber encontrado nuevas concepciones revolucionarias, supuestamente eficientes y actuales. Entre ellos solo hay una diferencia, unos son y han sido impotentes renegados y el resto traidores al servicio de la burguesía.
El Manifiesto no sólo preparó a los revolucionarios del siglo XIX, sino que legó a los del siglo XX y XXI de las perspectivas diferentes que ellos deberían contemplar en el caso que el capitalismo lograra subsistir; el Manifiesto alertaba las diferentes condiciones que asumiría en el futuro y de cómo esas condiciones impactarían en la clase obrera y aún entre la vanguardia revolucionaria.
Por supuesto, que para entender esto es imprescindible aplicar la dialéctica, de lo contrario no tendrá ninguna importancia a que conclusión arribe el lector, toda vez que el Manifiesto es una hoja de ruta estratégica para quienes se dedicaron y se dedican con ardor y alegría a terminar con el capitalismo; en manos de arribistas no pasa de ser más que una pócima mágica, en manos de los revolucionarios se transforma – y son ellos quienes lo hacen- en una formidable herramienta de transformación revolucionaria, que se reescribe a la luz de la experiencia y el sacrificio de la militancia.
22/02/2026