¿Es fascismo el fenómeno ultraderechista en América Latina y México?

¿Es fascismo el fenómeno ultraderechista en América Latina y México?

Una buena política depende de una buena caracterización. Cuando erramos en la caracterización política es muy sencillo que tengamos una política errada, es querer meter un triángulo en el hueco de un hexágono. Peor desatino es cuando en la misma izquierda se hacen señalamientos al interior, ello no sólo desinforma, es una actitud nada inocente sobre la que hay que poner atención en donde el sectarismo, divisionismo y esquirolaje pueden esconderse.

Tanto en México como en la región se han tenido experiencias de ultraderecha. Podemos nombrar al sinarquismo, a los cristeros o a Pinochet. Sin embargo ¿qué diferencia al fascismo de la ultraderecha? ¿Es lo mismo fascismo y nazismo?

El fascismo y el nazismo son fenómenos contrarrevolucionarios de países imperialistas cuya principal base es la pequeña burguesía y lumpenproletariado pero su análisis no se puede limitar solamente a características súper estructurales. Aunque fascismo y nazismo fueron usados por el gran capital para poder actuar en contra de los procesos revolucionarios, es el nazismo rompe, el que lleva al extremo la contradicción más retrógrada del sistema, es decir, supone la destrucción del mismo por una vía regresiva hacia un sistema esclavista, el fascismo no, busca mantener el ciclo del capital. En la superestructura, el fascismo corresponde a una lógica secular mientras que el nazismo reivindica el misticismo, ambos son anticomunistas, exponentes del militarismo y el corporativismo llevados a su máxima potencia.

La ultraderecha es la “última” arma del establishment moderno para actuar en contra de la revolución, pero, como ya se mencionó anteriormente, el nazismo implica una contradicción suicida para el propio capitalismo.

¿Entonces qué hay en AL? La ultraderecha en todo el mundo es muy diversa, pero el nazismo y el fascismo no son categorías en función del nivel de violencia o represión. El dominio colonial inglés, belga y de otras potencias europeas incluso hasta la llamada 2a Guerra Mundial era tan brutal como el terror nazi, hecho que orilló a territorios árabes a aliarse con éstos en contra de sus opresores directos.

En los países coloniales y semicoloniales alrededor del mundo tenemos muchos ejemplos reaccionarios como las dictaduras militares en África, Pinochet o bien el Daesh, sin embargo, su condición de desarrollo dentro de una colonia o semicolonia es clave. Mientras Hitler y Mussolini se colocaban a la cabeza de países imperialistas para hacer la guerra en contra de las demás potencias y aplastar a las fuerzas revolucionarias, las ultraderechas de países coloniales y semi coloniales no pueden llevar a cabo ningún proyecto imperialista, su vida y utilidad dependen también del mismo gran capital, no como oponentes, sino como subordinados, Este es el signo más evidente que choca con el nacionalismo, otro de los ingredientes sobre todo fuerte en el nazismo.

Al Quaeda, uno de los ejemplos como antecedente y que se encuentra en el árbol genealógico del actual gobierno de Afganistán, fue originado y promovido por Estados Unidos y la burguesía regional-local en contra de la Unión Soviética, a diferencia del nazismo y el fascismo, el proyecto del fundamentalismo islámico solo ha podido asentarse sobre una economía de subsistencia y ha quedado cada vez más, limitada en términos de producción de bienes de cambio y servicios.

Durante todo el proceso de barbarie en Siria, las diversas facciones fueron apoyadas por varios de los bloques imperialistas, incluso ahora los grupos fundamentalistas no son independientes, países como Turquía, Arabia Saudita, Emiratos Arabes Unidos Líbano, e Irán, patrocinan estos grupos que además se han colocado como la única alternativa ante sus enemigos.

En Haití tenemos otro ejemplo de ultraderecha que ilustra muy bien la ruta de barbarie para muchos de los países de América Latina. Las pandillas y grupos criminales tienen el control del país y aunque han sumido en numerosas olas sanguinarias de violencia en la lucha por el poder y el control absoluto, su dinámica y naturaleza les obligan a entrar en negociación y subordinación al capital imperialista.

En los dos casos anteriores tenemos un reemplazo del ejército regular profesional por los grupos paramilitares no institucionalizados y el control de industrias y empresas por parte de las camarillas dirigentes.

Tampoco hay que confundir el nacionalismo de un país oprimido con el de un país opresor ni por ello caer en la trampa de que el nacionalismo del país oprimido es revolucionario a estas alturas de desarrollo del capital, el nacionalismo de un país oprimido es chauvinismo que debe de ser tratado y combatido adecuadamente para romper esa falsa idea de liberación. Clarificar esta confusión es clarificar la lucha anti colonial y antiimperialista, desenmascarar las pretensiones de corrientes de la pequeña burguesía y otros grupos que desvían y encadenan la lucha a las fronteras culturales, buscando consolidar sus nichos de poder antes que combatir al capital bajo un mismo esquema anticapitalista.

Brasil es un caso ligeramente particular. Su ascenso económico le ha permitido convertirse en una potencia regional de gran calado, aunque actualmente se encuentra al filo del abismo que la volvería de nuevo a una semicolonia. Bolsonaro avanzó por derecha, pero nunca logró llevar a avance un programa ultranacionalista ni tampoco una dictadura, Bolsonaro colaboró con el gobierno estadounidense, principalmente dirigido por Trump para minar el poder de Brasil y regresar el control a Estados Unidos.

¿Qué tenemos en México?

México ha recibido su actual configuración de grupos de ultraderecha de numerosas tendencias, por un lado se encuentran los sectores conservadores religiosos especialmente católicos y protestantes, en otro lado se encuentran los sectores de la derecha alternativa o ultra liberal, y finalmente los grupos más violentos, la derecha militarista, que actualmente no tiene mucho crecimiento dada la colaboración y amplios beneficios que han tenido los mandos militares en el gobierno de la 4t, y finalmente la derecha de la mafia que ocupa poder corporativo y los grupos paramilitares y parapoliciales ultraderechistas que despliegan aparatos de choque armado contra las masas y su vanguardia, construyéndose entre la pequeño burguesía empobrecida y el lumpen proletariado.

¿Qué nos depara?

Los golpes de mesa del imperialismo estadounidense para amedrentar al mundo y profundizar aún más su dominio hemisférico no pueden tomarse a la ligera. No es que una invasión a México esté descartada, sino que esta vía no corresponde actualmente a la jugada más conveniente pues para que esto sea así, no solo el gobierno mexicano debe o poner resistencia, no solo Estados Unidos debe de tener las facilidades financieras y procedimentales para actuar, sino que más bien, su actual intervencionismo y dominio debería de verse insuficiente y comprometido, sin embargo, la garantía del dominio estadounidense está respaldada por el Plan México de Claudia Sheinbaum y por el poder tanto del capitales como Slim o bien de los cárteles.

Las condiciones antes descritas concluyen que en estos momentos el problema mayor no son los pequeños grupos ultraderechistas que salen a las calles, 2027 no será un descalabro completo para Morena pero 2030 amenaza con un avance reaccionario muy evidente, dónde tenemos a un Ebrad, un Harfuch, Samuel García, una figura empresarial o bien una carta sorpresa a fraguar en los siguientes años. Eso no quita de ninguna manera combate que se tiene que hacer a los grupos ultraderechistas y la responsabilidad de la izquierda revolucionaria de arrebatarles la dirección del descontento, más bien enfatiza a dónde debemos dirigir la táctica principal narrativa y políticamente.

La 4t y morena van a usar obviamente el ataque al fascismo para revivir las políticas tanto de unidad nacional como para reforzar su narrativa de que ellos son la única izquierda y que todo lo que existe por fuera es de derecha. Es indispensable el énfasis en el anticapitalismo sin ceder al progresismo o al populismo nacionalista de colaboración de clases.

La izquierda revolucionaria necesita indispensablemente asegurar el control de los medios de producción más allá del “poder” político. Eso lo sabe perfectamente la derecha más corporativa, sin un poder estructural, su página, fácilmente puede ser volteada. La situación actual, aunque con gobernabilidad, no es sólida y está entrando de nuevo en un periodo de desgaste estructural del Estado capitalista mexicano, del avance revolucionario depende no ser un Haití, Sudan o Palestina.

Cómo referencia para profundizar, comparto aquí un artículo escrito anteriormente por Carlos Petroni en Izquierda Punto Info:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *